16 febrero 2007

SIN FARISAISMOS NI DIVISMOS…TODO EL PODER PARA EL PUEBLO

El Problema de la corrupción y el Poder Popular
Un artículo que encuentro oportuno dado el momento que estamos viviendo.
Por, Martín Guédez
"Tan solo el pueblo conoce su bien y es dueño de su suerte; pero no un poderoso, ni un partido ni una facción. Nadie sino la mayoría es soberana y dueña de su destino"
Simón Bolívar

Está en el tapete, quizás como nunca antes en este tiempo revolucionario, el tema de la corrupción. Asunto álgido y delicado, si los hay: delicado, porque quien asume el papel de denunciante habría de ser por lo menos, alguien sin mácula, dicho en buen criollo, sin rabo de paja, alguien sin intenciones ocultas, alguien que no vaya escogiendo la presa sobre la que disparar, alguien que no busque la aguja en el pajar cuando en su propio entorno hay como para hacerle una cama a un fakir.

Hay otra cosa también que quedó demostrada en las desviaciones registradas en algunos grupos de controladores sociales que terminaron eliminando a quienes les estorbaban y permitiendo –aupando muchas veces- corruptos amistosos. ¿Quién puede erigirse en Gran Censor Moral de la revolución?, ¿no estaría el pueblo dejando en manos de un Mesías de ocasión su soberanía y protagonismo?, ¿no debe ser el pueblo, a través de sus Consejos Comunales quien denuncie, señale e instrumente la eliminación de un foco de corrupción?, ¿crecerá de este modo el pueblo o sólo le seguiremos enseñando a mirar como pajaritos hacia quien "resuelve" sus problemas?

Si algo he visto a lo largo de estos años es la mala intención disfrazada de contraloría social ligadita con otras intenciones leales y honestas. La prueba está en que la plaga no ha retrocedido sino todo lo contrario. Censores utilizando su poder ocasional para enriquecerse, para constituirse en señores de los siervos de la gleba a cambio de su protección. Personajes, hasta ayer humildes, devenidos por obra y gracia de esa transferencia de la soberanía popular en dadores de vida o muerte. Al modo de la obra de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, tocando con su dedo al hombre para darle vida o quitársela.

De modo que antes de emprender esta peligrosa cruzada, deberíamos todos reconocer sus peligros, saber de qué está hecha la naturaleza humana, comprender su debilidad y vulnerabilidad ante las mieles del poder. Deberíamos tener muy claro el objetivo para no lamentarnos luego. Sólo el pueblo puede y debe tener ese poder, nadie más. Haría bien echar una miradita a la Revolución Francesa para advertir sobre estos peligros, o no ir tan lejos, ver en qué se convirtieron los Comisarios bajo la dictadura stalinista. Se hizo deporte -para agradar al padrecito Stalin- denunciar al camarada. ¡Claro que se elegía al camarada que fuera un estorbo, pero no para la revolución sino para los intereses más mezquinos!

Es el pueblo quien debe establecer el uso de las convenciones sociales. La mentira, el engaño y la hipocresía toman cuerpo ante la imposibilidad de armonizar los intereses individuales con el interés colectivo. El individuo –y no señalo a nadie en específico, sino a todos los individuos conmigo incluido- utiliza la mentira para abusar de la confianza colectiva cuando su poder se confronta con el poder del pueblo. Aprende el individuo que el uso del engaño le rinde provecho y se acostumbra a utilizarlo. Conviene no confundir la creencia del colectivo que no siempre es necesariamente acertada, con la mentira intencionada del individuo. La primera es propia del ensayo y error del propio pueblo, la segunda es una vulgar estafa. Tal es el caso del demagogo de todo tipo que canta loas al pueblo soberano con el propósito -mal escondido- de dirigirlo.

El pueblo es sabio y paciente, como nos recuerda el panita Alí. Dejemos en las manos del pueblo su salvación. Eso sí, hagamos que tenga el poder para que se salve sí mismo. Nada ni nadie podrá hacerlo como el mismo pueblo. Que la Ley de los Consejos Comunales empodere al pueblo, que ese mismo pueblo en Asamblea decida quien lo sirve bien y quien no. Que las decisiones sean órdenes para los poderes constituidos (Fiscalía, Contraloría, Gobernaciones, Alcaldías, etc.) Sólo así acabaremos de verdad con la corrupción y el burocratismo, estaremos sembrando la buena semilla de nuestro socialismo. Dejémonos de divismos, de protagonismos individuales y farisaísmo. Que cada Consejo Comunal sea el espacio de poder para el pueblo, y veremos maravillas. De lo contrario, todo seguirá siendo un pueblo buscando quien lo oiga, quien lo atienda, quien lo socorra… ¡Hagamos que se oiga, que se atienda y se socorra a sí mismo! ¡SÓLO EL PUEBLO SALVA AL PUEBLO!

Por, Martín Guédez

2 comentarios:

  1. Manuel Brito10:18 p.m.

    Martin,

    Yo le agregaria a la frase de Ali un elemento de mercado que se me
    hace es importante:
    Solo el pueblo con camaras digitales salva al pueblo. Habida cuenta
    que el Poder Judicial se encargue de castigar a los culpalbles.

    Las denuncias sin pruebas no son mas que chismes, puede haber algo de
    verdad en ellas, pueden ser piedras en el rio, pero sin pruebas no hay
    forma de tomar en serio al denunciante.

    Lo ultimo que me llego es la foto de una mansion de 4 pisos con
    ascensor (edicificio le decimos en Carenero) que compro el Alcalde
    Bernal. La foto de la casa en Baruta es esplendorosa. La foto de
    Bernal metiendole la llave a la cerradura de la casa no aparece por
    ningun sitio. De Izarra se dice que anda en Hummer y que tiene mas de
    una camioneta. Me muestran la foto de catalogo del auto pero no me
    muestran la calva reluciente bajandose del carro. Con una sola foto
    mostrada en un periodico implacable, con una internet que sube cerros,
    y remonta en bongo el Apure, tendriamos para hacer salir corriendo al
    exilio dorado y miamero (ya que la revolucion es pacifica) a mas de un
    dirigente poco diligente con su trabajo pero muy diligente acumulando
    hacienda.

    Cada Consejo Comunal debe tener un buen fotografo. Los 4x4 comprados
    con dineros publicos se acabaran en un 2x3.

    Eso creo, que algo queda...

    Manuel Brito

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  2. Martín Guédez10:56 a.m.

    Hermano, dos peligros -al menos- corremos ante este frenesí anticorruptos.

    Ambos los conoces bien y los has combatido y combatirás porque son curare en pasta para cualquier revolución. De un lado los correveidile de todas las horas. Esos mismos que llevan agua a los molinos de la contra con la "denuncia" cotidiana, tan cotidiana como el guayoyito mañanero o la arepita con queso'e mano de todos los días. Indisciplinados, sin conciencia, sin sentido estratégico, todo lo fundamentan en el rumor y lo ponen a correr. ¿Por qué?, creo que porque no corren con las consecuencias de sus "denuncias". Del otro lado podríamos estar propiciando la aparición de Savonarolas de ocasión. Una ola de machartysmo con todo y juicios televisados. En ambos casos, mi hermano del alma, el proceso se nos va por donde vino. Sólo si el pueblo organizado, movilizado y consciente, además de respaldado por un marco jurídico que le confiera poder a sus actos podríamos a llegar sin esos peligros a atajar un mal que hoy nadie niega: esa herencia terrible que nos dejó la IV República, de viveza, oportunismo, etcétera. Así que, ni denuncias al boleo ni superhombres presidiendo la Santa Inquisición. Entre otras cosas porque, lo sabes bien, nadie más corrupto -tarde o temprano- que el inquisidor.

    Un abrazo y como siempre...¡que bueno que estás por ahí!

    Martín

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